LA TERAPIA CON NIÑOS Y ADOLESCENTES

Para que la terapia con un niño o niña comience es necesario que alguna de las personas que realizan la función de amparo detecten algún sufrimiento en el hijo, alguna situación que le hace pasarlo mal. Como el niño no es autónomo para ir al psicólogo es necesario hacer una buena alianza previa con los padres para poder sostener el tratamiento teniendo unas entrevistas previas con ellos (2-5 habitualmente) antes de atender al hijo.
Las entrevistas son un espacio privilegiado para recoger el motivo de consulta y aquellos sentimientos que le produce el hijo: enfado, culpa, resentimiento, etc. Es importante recoger la historia del niño desde su nacimiento y del síntoma motivo de consulta y pensar la forma de ser padre o madre con su hijo, lo que no es habitualmente consciente. Cuando el hijo se vive como enfermo, los padres pueden dejar de reconocerle como hijo, por eso es importante hablar también de aspectos positivos del menor.
Cuando la alianza con los padres es hora de recibir al niño. Cuando llegue se le invitará a que juegue o dibuje libremente y que nos cuente lo que necesite hablar. Sobre eso estarán basadas nuestras intervenciones.
Mi método de trabajo incluye preparar una caja para cada niño o niña donde ellos podrán ir guardando sus producciones de plastilina, aquello que escriban y sus dibujos. Una caja que será un espacio psíquico donde desarrollar su fantasía y tomar distancia de aquello que le hace sufrir.
Desde que empieza a asistir el niño, en paralelo, se seguirán haciendo entrevistas con el padre y con la madre (quienes asumen la parentalidad independientemente de su género y sexo).
Cuando el paciente es ya adolescente, la terapia se parecerá más a la del adulto que a la del niño, y podrá sostenerse en ocasiones solo con la palabra aunque puede seguir teniendo cabida también ocasionalmente, o parcialmente el arte, el dibujo o el juego.
