
Son muchos los motivos que hacen que alguien consulte a un psicólogo. Puede que haya alguna situación que empieza a ser insoportable y causa de angustia en alguno de los ámbitos de su vida (el trabajo, las relaciones, la familia, etc.). La sensación de que algo no anda, que insiste en causar molestar; una separación, un duelo sin hacer, algún mal encuentro con otra persona… lo que supera la capacidad de respuesta de la persona.
Para que la terapia sea posible es necesario que aparte del malestar haya un deseo de querer saber. Como terapeutas invitamos a seguir la regla fundamental de la terapia, decir “cualquier cosa” que te pase por la cabeza.
Durante las entrevistas previas el malestar podrá expresarse en forma de discurso y así poco a poco poder ir aislando junto al terapeuta, esos frases y escenas que han ido marcando la vida de la persona. El paciente cuenta lo que le pasa, esas frases del otro que le hicieron daño, la teoría de lo que le pasa, sus sueños. Lo consciente va haciendo consciente, y además del alivio paulatino del malestar se va consiguiendo cierto aprendizaje y la posibilidad de dar respuestas distintas a las que dimos en el pasado. Es una terapia dinámica y efectiva.
Las herramientas fundamentales del psicólogo son saber escuchar (ya que los psicólogos no leemos la mente) y la interpretación de lo que el paciente dice. Interpretación que no intenta añadir más sentido (tener más teorías de lo que nos pasa no alivia el sufrimiento pese a lo que comúnmente se piensa) sino ir transmitiendo que no tiene sentido el sufrimiento, en un clima de respeto, seguridad y silencio. El terapeuta señala lo que el paciente dice, le devuelve sus dichos, para que tomo conciencia de lo que dice sin saber que lo dice y así aumentar su responsabilidad sobre su vida.
El psicólogo durante la terapia se abstiene de juzgar moralmente al paciente ni de decirle lo que tiene que hacer, lo que acabaría fomentando la dependencia con el terapeuta. Se trataría más bien de acompañarle a habitar mejor lo que le pasa y darse un tiempo para pensar y tomar así mejores decisiones.
La duración de la terapia es siempre decisión del paciente. Cada uno decide hasta donde quiere llegar, que habitualmente es cuando ya se siente bien ya que como Jacques Lacan decía, “el psicoanálisis es tan solo un rodeo para sentirse mejor”.