LOS DUELOS EN LA INFANCIA

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Si buscamos duelo en la RAE nos aparecen dos acepciones, por un lado los afectos que producen la pérdida: 1. Dolor, lástima, aflicción o sentimiento. y por otro lado la vertiente social: 2 demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien.

La RAE enfatiza la versión estática de un duelo pero no hay que olvidar que el duelo es un proceso dinámico, con determinadas fases, encaminado a elaborar la perdida de alguien querido o algo importante (un ideal, el cambio en la imagen del cuerpo). Hay que aclarar que el duelo no es un diagnóstico ni algo patológico, es un proceso para procesar dicha pérdida.

Este proceso es muy particular entre cada niño como lo es también entre adultos. Si no hay dos niños iguales, tampoco hay dos duelos iguales. Podemos presuponer que para que haya necesidad de duelo la persona fallecida tiene que ser alguien importante para el niño (eso no se puede saber de antemano). El duelo será más complicado también si la muerte ha sido traumática.

Una particularidad que algunas veces aparece en los duelos infantiles es la “moratoria benéfica” el duelo queda en suspenso, olvidado, relegado hasta otro momento que el niño tenga la psique más disponible para realizar este trabajo. Ya que el duelo implica trabajo psíquico.

A veces escuchando a los padres sabemos que decidieron no llevar a su hijo o hija al tanatorio para que así no se enterara en una estrategia de ocultamiento. Tampoco es infrecuente que el duelo se convierta en tabú familiar, y sea muy difícil hablar de ello.

A este respecto lo aconsejable sería la aceptación franca y el discurso natural. Son muy importantes también las palabras con las que se explican la muerte al niño. A veces se dice que “se ha ido al cielo”, “se ha marchado”, dejándole con la idea de que esa persona que ha muerto va a volver.

También tenemos que distinguir el tiempo psíquico con el tiempo social. En el tiempo social, como vivimos en una sociedad de lo inmediato, se puede presionar al niño para que solucione su conflicto rápido y se adapte de manera eficiente a la realidad. Los duelos llevan su tiempo en ocasiones y eso lo debería tolerar la familia y las instituciones educativas.

Según el nivel de sintomatología y malestar, y los propios recursos de afrontamiento con los que cuente el niño o la niña, serán lo que aconseje la necesidad de una terapia.

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